Jhon Gonzales

Tamshiyacu, 1985, Dist. Fernando Lores, Prov. Maynas, Región Loreto.

A la edad de 17 años, migra a la ciudad de Iquitos para cursar sus estudios superiores. Es así como ingresa a la especi,alidad de pintura, en la Escuela Regional de Bellas Artes “Víctor Morey”, de donde egresa y posteriormente se vuelve docente.

EL OLVIDO DE LOS HORCONES

Primera exposición invidual del artista en Lima

¿Es objeto de las artes plásticas representar lo real como es percibido por la experiencia sensible? ¿Qué deberíamos pensar de esta duplicación, cuando vemos la serie titulada El olvido de los horcones, de Jhon Gonzales? Su trabajo es el mejor testimonio de que es posible materializar el olvido que padecemos y al hacerlo, como en un caleidoscopio, tornar privilegiadas las escenas que transcurren circulares entre madera y agua cotidianas. Porque es posible pintar siguiendo el curso de las estaciones, unidas por el hilo de un río creciente o vaciante – Máquina hídrica, impulsando un tiempo fluvial que puede llegar a ser muy denso. En todo caso ¿no es el humano un ser olvidadizo (animal obliviscens) por naturaleza? ¿Es posible pintar, no sin cierta resignación, aquello que la sociedad sumerge en el río del olvido? Mientras en alguna parte, los políticos vuelven a debatir la posibilidad de reubicar a Belén y sus viviendas de la pendiente que baja desde el mercado hasta la ribera del río.

Horcones incansables.jpg

Donde otros, han peleado combates que han disminuido el volumen de la memoria al institucionalizarla, oponiéndose irreflexivamente al olvido como fieles seguidores de Funes el memorioso –del cuento de Borges-; en la pintura de J. Gonzales encontramos los horcones afirmados en tierra firme, antes que la marea del río crezca de nuevo –Y esto último es literal. Porque los horcones son esos palos que en un extremo tiene la forma de una “Y” orientada hacia arriba, dado que son el principal soporte estructural en la construcción de las viviendas en el medio rural-indígena, los horcones tienen una significación especial porque son entidades que conviven con los habitantes de la casa; según el pueblo que se trate pueden representar entidades diversas del mundo animal o vegetal, así como estados de la persona, en muchos casos se celebran fiestas rituales de agradecimiento por separado, de acuerdo a la función social que cumplan.

En una cultura como la nuestra, enterrar horcones en la época de la vaciante, palafitos en el agua para levantar la casa cuando viene la creciente, elevar el cuerpo por encima de sus corrientes, sentarse en el embarcadero para echar la red, pescar diseños estructurales extraídos del espacio o del reflejo en el agua, con la gimnasia de espátulas y pinceles, es trabajar recuperando la memoria de la tierra, la madera y el agua, volviéndonos mejores: pintando la reminiscencia.”